






Sostener la singularidad en tiempos de algoritmos: nuevas coordenadas de la urgencia subjetiva Sergio Gustavo Benaroya Abogado (UBA). Especialista en Niñez y Adolescencia, Género, Responsabilidad Médica y Salud Mental. (sergiogustavobenaroya@online). CACF, CAM, SCJM – Mendoza, Argentina sergiogbenaroya@gmail.com
1. Introducción
Las niñas, niños y adolescentes (NNyA) habitan un ecosistema digital que no es un entorno accesorio, sino una dimensión constitutiva de la subjetividad contemporánea. En él se configuran pertenencias, se ensayan identificaciones, se negocia el vínculo con el cuerpo y se tramitan, en clave algorítmica, reconocimientos y rechazos. Plataformas, redes sociales, videojuegos y sistemas de mensajería, gobernados por arquitecturas de datos opacas, producen formas específicas de exposición, control y violencia con impacto directo en la salud mental. En este marco se propone desplazar la noción clásica de urgencia clínica, centrada en indicadores principalmente biomédicos, hacia la categoría de urgencia subjetiva, entendida como aquella experiencia que, para un sujeto, adquiere el valor de escena sin salida, aun cuando no encuadre de manera inmediata en los criterios tradicionales de emergencia. La viralización de imágenes íntimas, el acoso sexual en línea o el ciberbullying masivo ilustran situaciones que pueden no presentar, en un primer momento, riesgo vital objetivable, pero son vividas como límite psíquico y requieren ser leídas e intervenidas como auténticas urgencias.
2. Ecosistema algorítmico y producción de malestar Los algoritmos de recomendación priorizan contenidos que maximizan el engagement: materiales emocionalmente intensos, polarizantes y altamente compartibles. Esta lógica configura una disponibilidad permanente de estímulos, reduce los tiempos de pausa y limita las posibilidades de elaboración simbólica. En sujetos en desarrollo, cuyas capacidades de regulación emocional se encuentran en construcción, la hiperestimulación digital se asocia con estados de hiperactivación, estrés crónico, trastornos del sueño, irritabilidad y sensación persistente de alerta ligada a notificaciones y métricas. La inteligencia artificial refuerza este proceso al reconstruir perfiles emocionales y conductuales a partir de huellas digitales. La capacidad de inferir estados de ánimo, vulnerabilidades o patrones de consumo puede orientarse tanto a estrategias de cuidado y detección temprana de riesgos como a prácticas comerciales invasivas o formas sofisticadas de manipulación y violencia psíquica.
3. Vulnerabilidad evolutiva y lógica de plataforma Las redes sociales se instituyen como escenarios privilegiados de construcción identitaria donde indicadores cuantitativos —likes, vistas, seguidores— operan como espejos que devuelven un “valor social” lábil y contingente. El reconocimiento queda ligado a la performance de visibilidad, sometida a tendencias, rankings y dinámicas de viralización. Diversos estudios y la experiencia clínica muestran que las adolescentes mujeres suelen encontrarse especialmente expuestas a ideales corporales inalcanzables y sexualización precoz, mientras que otros grupos sufren con mayor intensidad discursos de odio, estigmatización o radicalización. Estas producciones no solo impactan en la superficie representacional, sino que se inscriben como mandatos y exigencias difíciles de interpelar en soledad. La hiperexposición de la imagen infantil —frecuentemente alentada por prácticas adultas de sharenting— compromete el derecho a la intimidad, diluye fronteras entre lo público y lo privado e instala una mirada externa permanente. Esta mirada puede internalizarse como autoobservación crítica, vergüenza anticipada y sensación de estar siempre “en escena”, con consecuencias en términos de inhibiciones, retraimiento o autoexigencia extrema.
4. De la urgencia clínica a la urgencia subjetiva Los dispositivos de salud mental organizan tradicionalmente la urgencia alrededor de parámetros objetivables: riesgo inminente de autoagresión o heteroagresión, descompensación psicótica, alteración grave del juicio de realidad. Aunque estos criterios siguen siendo imprescindibles, resultan insuficientes para captar situaciones en las que el sufrimiento se anuda a escenas digitales que adultos y operadores tienden a minimizar como “problemas de redes”. La noción de urgencia subjetiva introduce un desplazamiento: invita a considerar la vivencia de atrapamiento, humillación, exposición irreversible o pérdida radical de pertenencia que puede producirse cuando la trama algorítmica y vincular se cierra sobre el sujeto. Fenómenos como el grooming, el ciberbullying o la difusión no consentida de imágenes deben entenderse como procesos de captación, manipulación y sometimiento emocional, y no como episodios aislados. La urgencia se instala cuando la escena deviene intolerable y el adolescente percibe que “no hay afuera”: los mensajes continúan, las imágenes reaparecen, los pares observan y comentan, los algoritmos recomiendan contenidos afines, y cualquier intento de desconexión se vive como amenaza de exclusión. En estos casos, lo digital no constituye un mero contexto, sino un componente estructural del padecimiento.
5. Cuerpo, disociación y urgencia digital La clínica actual registra con frecuencia fenómenos de disociación corporal y uso del dispositivo móvil como prótesis del yo. La hiperconectividad favorece estados de desrealización, dificultades para registrar señales somáticas de malestar e imposibilidad de nombrar emociones que se presentan como “sobrecarga”. A menudo, la puerta de entrada a los servicios de urgencia la constituyen crisis de pánico, trastornos del sueño, somatizaciones, autolesiones o conductas de riesgo, mientras que el desencadenante permanece oculto si no se interroga sistemáticamente la experiencia digital. De allí la importancia de reconstruir, en la entrevista clínica, secuencias concretas: qué se vio, qué se publicó, qué se viralizó, cómo circuló la escena, qué respuestas se obtuvieron y de qué modo intervino la lógica algorítmica de amplificación.
6. El algoritmo como operador clínico y político El algoritmo puede pensarse como un “tercero” que organiza el campo de lo visible: decide qué aparece, con qué frecuencia, en qué orden y ante quién. En situaciones de violencia digital, los sistemas de recomendación pueden intensificar la exposición a contenidos agresivos, sostener la presencia de imágenes que el adolescente intenta olvidar o configurar bucles de repetición que dificultan la elaboración psíquica. Desde una perspectiva jurídico-política, esta función plantea desafíos sustantivos en materia de protección de datos, privacidad, autonomía y salud mental. Aunque existen herramientas relevantes —como la Ley 25.326 de protección de datos personales y las acciones de habeas data— la opacidad algorítmica, la asimetría entre usuarios y plataformas y la escala transnacional de los actores digitales obstaculizan el ejercicio efectivo de derechos.
7. Dispositivos de salud mental y políticas públicas La clínica de la urgencia digital exige ir más allá de protocolos centrados solo en el riesgo inmediato. Se propone que los dispositivos de salud mental infanto-juvenil incorporen entrevistas específicas sobre redes, videojuegos y mensajería; coordinación con el sistema educativo para detectar precozmente conflictos en línea; fortalecimiento de estrategias de mediación adulta activa; y articulación con organismos de niñez y entes reguladores cuando sea necesario activar mecanismos de protección. Situar la salud mental como eje estructural del análisis implica reconocer que la hiperconectividad, la violencia digital y la mediación algorítmica no son efectos colaterales, sino componentes del paisaje subjetivo contemporáneo. La regulación de plataformas y sistemas de inteligencia artificial debería incorporar evaluaciones de impacto psicosocial, con énfasis en desarrollos dirigidos a NNyA o que recaban datos capaces de inferir estados emocionales y condiciones de salud mental.
8. Ética profesional y conclusiones Las transformaciones descritas interpelan de manera directa la ética de las profesiones vinculadas a la salud, la educación y la justicia. Surgen interrogantes complejos: cómo resguardar la confidencialidad cuando las huellas digitales son prácticamente imborrables; qué responsabilidades asumen quienes detectan indicios de riesgo suicida o violencia en publicaciones en línea; qué posición adoptar frente a algoritmos que perfilan a NNyA según su supuesta vulnerabilidad psíquica. Responder a estos desafíos exige una reflexión interdisciplinaria y crítica, que evite tanto la fascinación acrítica por las promesas tecnológicas como su demonización indiscriminada. El entorno digital es hoy un escenario central de la subjetividad infantil y adolescente; la urgencia subjetiva aparece como índice del desajuste entre la velocidad de la innovación tecnológica y la lentitud de nuestras respuestas institucionales, jurídicas y clínicas. El reto para el campo de la salud mental consiste en sostener la singularidad de cada sujeto en un medio que tiende a la estandarización algorítmica, la predicción estadística y la clasificación de perfiles. Más que ofrecer soluciones simplistas, se trata de abrir espacios de palabra, construir dispositivos de cuidado y promover políticas públicas que reconozcan la centralidad de la experiencia digital en la vida psíquica contemporánea.
Referencias 1. Congreso de la Nación Argentina (2000). Ley 25.326 de Protección de Datos Personales. 2. Gallero Hernández, A. C. (2023). Salud pública, limitación de derechos y mundo digital. 3. Livingstone, S., & Helsper, E. J. (2008). Parental mediation of children’s internet use. Journal of Broadcasting & Electronic Media, 52(4), 581–599. 4. Niederkrotenthaler, T. et al. (2010). Werther v. Papageno effects. The British Journal of Psychiatry, 197(3), 234–243. 5. Organización Mundial de la Salud (2021). Directrices sobre salud mental de adolescentes: promoción y protección. 6. Parlamento Europeo y Consejo de la Unión Europea (2016). Reglamento (UE) 2016/679 (RGPD). 7. Sisask, M., & Värnik, A. (2012). Media roles in suicide prevention: A systematic review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 9 (1), 123–138. 8. Twenge, J. M. et al. (2021). Worldwide increases in adolescent loneliness. Journal of Adolescence, 93, 257–269. 9. UNICEF Argentina (2023). Niñez y adolescencia en el entorno digital: desafíos para la protección de derechos.